Ninguna persona medianamente ilustrada de la zona negará que la Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya (SMMP) normalizó el trabajo infantil en sus instalaciones industriales y mineras. Aunque apenas existen datos que permitan avalar esta tesis hemos aceptado que en un contexto económico y cultural como el de finales del siglo XIX y principios del XX las multinacionales e incluso pequeñas empresas contrataban a niños para realizar tareas peligrosas a cambio de un sueldo inferior, por puro interés lógicamente.
Aunque existía una legislación avanzada en nuestro país a favor de la protección de la infancia desde la I República la falta de controles en los registros civiles unida a la pobreza extrema de la población en general llevaba a padres y patronos a mentir a partes iguales sobre la verdadera edad de la chavalería o a modificar documentación oficial tanto pública como privada, en el caso de que la hubiera, con el fin de que estos hijos contribuyeran a completar la magra economía de una familia obrera de aquellos tiempos.
A falta de papeles el único asidero informativo fiable para transformar la suposición argumentada en certeza es fotografías histórica.
Nunca ha sido fácil encontrar imágenes del Cerco Industrial de Peñarroya-Pueblonuevo y mucho menos de los procesos que ocurrían en su interior, siendo testimoniales aquellas en las que aparecen trabajadores. Su número no llega al centenar en términos absolutos siendo la mayoría postales que presentan las fábricas como asépticos decorados, impersonales, perfectos. El elevado precio de una fotografía, equivalente a una semana se sueldo de un obrero, la escasez de cámaras fotográficas (no era un objeto de consumo popular) y el celo empresarial por dar a conocer a las empresas rivales ventajas competitivas en sus know how no ayudaban a la creación de un relato certero de la realidad. De ahí que el descubrimiento de alguna instantánea nueva en la actualidad sea para el colectivo un motivo de celebración.
En tiempos recientes el profesor de la Universidad de Sevilla y presidente de la Coordinadora de Patrimonio Industrial y la Obra Pública Fabricando el Sur, Julián Sobrino, investigando otros asuntos tocantes a esta rama del patrimonio encontró en el portal web catalán archiusenliniauna.cultura.gencat.cata una fotografía inédita de los hornos de coque datada en etre 1913 y 1918 en la que se aprecia claramente a menores realizando tareas con alta exposición al riesgo tales como apertura y cierre de registros, limpieza de bocas y conductos , apoyo en altura mediante escaleras, transporte ligero y recados técnicos, todo ello supervisado por trabajadores adultos.
Podríamos emplear este excepcional documento gráfico para juzgar con las leyes del presente el pasado de esta multinacional o para justificar nuestra superioridad moral actual pero lo consideramos un ejercicio de narcisismo generacional. Sin embargo, si sirve para desromantizar el pasado industrial de Peñarroya-Pueblonuevo que todavía pervive en amplios sectores de su sociedad en la actualidad, podrido de tóxicas nostalgias e hipérboles, un pasado en el que se normalizaron abusos y había una evidente precariedad laboral.
Y es que en contra del relato de arcadia feliz comúnmente aceptado no existe riqueza, opulencia o bienestar para la clase trabajadora de un municipio cuando en un lugar como el Cerco los chavales y niños tienen que jugarse la vida o su físico por sueldos de miseria, ni siquiera poniendo como escusa que estos eran más altos que en la agricultura. No tiene nada de benefactora o de "madre" (como se la llamaba) una empresa que no fomentaba la escolarización de la juventud y que trataba a niños como una mercancía. No es edificante saber que en la época supuestamente dorada desde el punto de vista del progreso económico y social de esta localidad del Guadiato se vulneraban los derechos de la infancia. Esta foto, tomada por el autor por otras razones diferentes a las del presente y que desconocemos, habla hoy de todo eso de lo que nunca se habla porque queda enterrado bajo el manto de la palabra progreso. Por eso la foto tiene un valor excepcional: cuenta el sufrimiento que esconde el capitalismo salvaje de origen industrial, que tuvo en nuestra tierra una de las más importantes sucursales.
| Trabajadores de la planta de producción de coque del Cerco Industrial de Peñarroya. La mirada de algunos protagonistas desprende una juventud ya marchita |
La publicación de esta fotografía inédita más que servir para hacer una enmienda a la totalidad de una de las grandes empresas industriales de nuestro país y que trajo avances impensables en siglos a esta comarca poco bendecida por la geografía nos invita a entender el Cerco Industrial como un espacio repleto de contradicciones y conflictos, con tantas sombras como luces y que en consonancia con otros lugares contemporáneos causó dolor, expolio y retrocesos, algunos de los cuales continúan vigentes hoy en día.
Fotos como la que les hemos presentado nos recuerda que la sociedad del Guadiato actual y especialmente la Peñarroya-Pueblonuevo aún tiene pendiente la construcción de una narración justa y no propagandística sobre la presencia de la SMMP. De la capacidad que tengan los cronistas, los nuevos incluencers si los hubiera, educadores, gestores públicos e investigadores de incluir la tragedia humana como la que representa la fotografía en aquella inusual epopeya industrial dependerá la calidad de su autoconcepto y por tanto su identidad ¿Hablamos?
La disneyficación del pasado de una sociedad genera monstruos. O, más bien, los tapaLa propaganda y la falta de reflexión sobre el pasado deforma la realidad y tiene consecuencias
cartel generado por IA de los muchos que hay en redes sociales
Puedes consultar la fuente original de la fotografía en el siguiente enlace:
https://arxiusenlinia.cultura.gencat.cat/#/cercabasica/cercaNoticia ofrecida por:
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